Cuando escribí la entrada anterior a esta en este mi blog, jamás pensé que alguien cercano a mí lo llegara a leer. Y la escribí un poco como desahogo a un muy mal momento que viví en el que llegué a pensar en cosas tan radicales como el suicidio, y la escribí también como una manera de catalizar esas ideas recias y esos sentimientos dolorosos que me envolvían en ese entonces.
Pero paso que por alguna razón mi hermano entro hace poco y lo leyó, y se burlo un poco de mi, con razón, pues la sola idea es temeraria, dolorosa y porque no, un poco absurda.
Esa entrada la escribí en medio de lo que fue el cierre de una época de mi vida marcada por los errores, las malas decisiones, los problemas, el sufrimiento y el desespero. Con ella, y por la fecha lo sé, cerré toda ese mal momento que era mi vida y pareciera que ella marcó el inicio de los buenos tiempos, de este momento de tranquilidad. Si, porque esos fueron los últimos días de incertidumbre de una etapa de mi vida marcada por el dolor, tan así que solo pocos días después, llego la tapa que cerro ese problema que tenía mi vida y lo alejo de mi, solo pocos días después de esa entrada en este blog, la luz brillo en mi camino, y no para de brillar, y cada día es mejor, cada día es más bello, y cada día estoy más agradecido con el buen Dios del cielo que me permitió dejar la idea del suicidio en palabras necias en un blog perdido en la red.
Hoy, de nuevo me disculpo con quien por aquí pase y haya tenido que leer tanta tristeza, y espero que esta entrada llena de esperanza y alegría le recompense de alguna manera.
Y hermanito, perdóneme por haberlo sometido a la incertidumbre que le causaron esas palabras necias. Pero como dice el popular adagio: a palabras embarazosas oídos anticonceptivos.
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