Conducir un auto es definitivamente algo que conlleva mucha responsabilidad, sentidos alerta, prudencia y como dijo Henry Ford: imaginación, siempre hay que imaginar que tus hijos o tu familia están en el auto que vas conduciendo.
En Bogotá y porque lo he vivido se que en otras ciudades de Colombia, a todo esto hay que sumarle los huecos, la mala señalización, la imprudencia de los peatones (tema para otro post), la mala fe de muchos conductores de busetas, los taxistas con carros pequeños que creen que se encojen y caben por cualquier lugar (tema para otro post) y como no LOS MOTOCICLISTAS.
No voy a decir que todos, pero puedo asegurar que 9 de cada 10 sufren de lo que hoy vengo a comentar.
Y es que no sé porque, pero esos nueve de diez son una suerte de injerto entre sicario en huida y suicida en depresión. No sé porque, pero estos nueve de cada diez se creen de caucho, y consideran que caben de manera casi acrobática entre el mas mínimo espacio que queda entre carro y carro; no sé porque pero también pareciera que a toda hora les fueran a cerrar el banco y el patrón los va a echar a patadas. Además, no sé cómo le hacen esos nueve de cada diez para de repente estar de la peor manera al lado del carro de uno justo cuando uno va a girar o a cambiar de carril. Y definitivamente no sé si ninguno de esos nueve de diez ha visto nunca un accidente de motociclistas, que siempre son horribles. No creo, porque si los hubieran visto no serian tan desgraciados y dejarían de culebrear, andarían a velocidades permitidas, conservarían el carril, no cargarían a sus hijos pequeños, serian mas consientes.
Y yo, definitivamente cada vez que manejo auto entiendo porque no me gustan las motocicletas, y como ahora manejo todos los días, todos los días ruego a Dios que nunca se me olvide mirar los espejos antes de cambiar de carril.
domingo 14 de diciembre de 2008
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